La creatividad es la más fascinante de las capacidades humanas... Desde la arena
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MIRADOS

A menudo aparecen noticias relacionadas con la pornografía infantil y su difusión a través de los múltiples canales que ofrece Internet. Habitualmente esas noticias tienen que ver con la desarticulación de alguna red de distribución y la detención de quienes participan en ella. Después, tras un seguimiento mediático más o menos intenso en función de la personalidad de los detenidos, de la extensión de la operación y de otros parámetros ajenos a la propia cuestión, como la existencia o no de noticias que reclamen su tiempo en los informativos, las aguas vuelven a su cauce y el silencio cubre de nuevo el tema. Pero el tema sigue vivo y la red sigue cobijando el drama vital que significan los abusos y la explotación sexual para muchas ¿cuántas? criaturas a lo largo y ancho del planeta.
La otra tarde navegaba yo por el mundo virtual en busca de cierta información relacionada con lo que pienso escribir el próximo año, cuando me di de bruces con una página inquietante. El sitio en cuestión estaba –está- en ingles, idioma en el que me defiendo más bien nada que poco, pero las imágenes, aunque de pequeño tamaño y calidad discreta, dejaban poco lugar a la duda. Enseguida comprendí que me hallaba ante una especie de índice, lleno de enlaces que conducían a otros lugares. Ese fue uno de esos momentos en los que mi curiosidad innata se dispara, frente a otras consideraciones y prevenciones...
Accedí al primer enlace, no daré datos para evitar convertirme en difusor, el diseño de la página que apareció era típicamente infantil, tal como el de las webs que solían visitar mis hijos... pero las imágenes no ofrecían dudas... ¿Saben? Este es un tema que resuena en mi alma, un tema que me afecta personalmente en cuanto a mi propia experiencia vital, de modo que encontrarme de frente a esos niños fotografiados desnudos puso en marcha algunos mecanismos defensivos. El primer impulso me empujó a la huida; no resulta sencillo atravesar determinadas cosas y evitarlas es un buen camino para la supervivencia emocional. Pero estoy en una etapa del camino en la que he aprendido a traspasar las emociones, a dejarlas sentir, a vivirlas tal y como son, y decidí que era el momento de enfrentar eso. Aun ahora, al escribir, recupero el cosquilleo de la inquietud en la boca del estómago, la sensación de ahogo en el pecho... ahora me pregunto cuantos miedos y cuantas culpas se despertaron en ese instante dentro de mi alma... pero seguí adelante.
Enseguida me di cuenta de que no se trataba de un lugar de encuentro de pederastas esclavos de sus tristes inclinaciones, sino de una página de carácter comercial destinada, pura y llanamente, a la obtención de un beneficio económico. Ese fue un descubrimiento aun más terrible porque la maldad humana es algo que me resulta más comprensible que la implacable frialdad de la codicia.
Pensé que tenía la obligación de reportar mi hallazgo a alguna autoridad que pudiera hacer algo al respecto, pero entonces descubrí, con estupor –aunque tal vez lo que sentí era algo más fuerte- que esa página era perfectamente legal, amparada –y el traductor automático disipó cualquier duda- en leyes internacionales que protegen la creación artística... es cierto que las fotografías no recogían –recogen- actos explícitos de carácter sexual, pero no puedo dejar de preguntarme que clase de arte es exponer los cuerpos desnudos de todos esos niños y niñas... y que clase de legislación gobierna el mundo...
No traspasé ese umbral, no me atreví a ir más allá de lo que era accesible en un simple clic. Una simple tarjeta de crédito basta para adentrarse a través de esa puerta que debería tener escritos en el dintel los versos que Dante colocaba sobre la del infierno: Por mí se llega a la ciudad del llanto el lugar en el que los niños son explotados, expuestos, usados...
No puedo describir la inmensa tristeza que atravesó mi corazón, que se instaló en mis parpados... entonces se me ocurrió hacer este pequeño montaje, en un intento, tal vez vano, de devolverles a esos niños y esas niñas la dignidad que les habían robado. La primera imagen está ahí para que quien lo vea pueda hacerse una idea acerca del contenido al que me estoy refiriendo, aunque la he distorsionado para evitar que resulte demasiado explicita, el resto pertenecen a esos niños y esas niñas y aunque la calidad de las imágenes sea escasa tengo la certeza de que transmiten toda la intensidad de su dolor, de su miedo, de su desesperanza... y también la sensación terrible de sentirse mirados... tal vez te parezca larga y reiterativa pero si puedes aguanta sus miradas hasta el final...

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