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Año en curso
Supongo que alguien habrá notado mi ausencia. El tiempo pasa tan deprisa y acaba por convertirse en tan escaso, que hace nada os deseaba la felicidad para el nuevo año y el primero de sus meses ya se ha ido. De modo que aquí estoy de nuevo, desatareándome de unas tareas para atarearme en esta.
Como rezaba un principio leninista, si cabe que los principios leninistas recen, resistir es vencer. Y en eso estoy en ese tiempo tan escaso, en la resistencia activa de crear nueva obra, sin abandonar la que ya tengo expuesta al juicio público. De la nueva pocas palabras puedo decir, llegará su momento y pongo en ella la energía que precisa, o tal vez tan sólo aquella de la que dispongo. De la otra si tengo alguna cosa que contar, aunque ahora su promoción se encuentre en un aparente impasse, porque de todo lo sembrado surge aquí y allá alguna brizna con promesa de cosecha. Briznas pequeñas es cierto, pero maravillosas en su verde de esperanza y en el efecto eúforico, tal vez no tanto pero casi, que provocan en mi ánimo.
Está el asunto de Villena, del que en breve daré cuenta en esta página. También el tema del acuerdo alcanzado por CiÑe con la Casa del Libro para la distribución de nuestra obra. Están, por supuesto, las palabras de los lectores que se acercan, a veces casi avergonzados de su atrevimiento, para darme su opinión del libro y me animan a seguir invirtiendo la energia y el tiempo en nuevas creaciones... y, lo último, está esa persona que, en la asolada peninsula de los Balcanes, en algún lugar de la antigua, y martirizada, Yugoslavia, ha comprado Sombras de Otoño en su versión electrónica... así que el año sigue su curso, la vida sigue su curso y, este 2008, como antes, como siempre, sigue valiendo la pena intentarlo.
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