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MADRID EN EL CORAZÓN
(Breve crónica de una presentación)

            Presentar Sombras de otoño en Madrid ha sido uno más de mis sueños realizados...
Madrid encontró un lugar en mi corazón hace muchos años. Creo que fue un amor a primera vista, apenas pisé sus calles acompañado del señor Gassol, un catalán -la vida es pura paradoja- profundo y afable que me explicaba todo cuanto sabía de cada edificio y de cada rincón. En cualquier caso supe que sería un amor para toda la vida cuando mi primo Prudente y su familia me acogieron y me hicieron sentir la vida de esa ciudad desde su interior, como uno más de ellos. Claro que aquel era otro Madrid y también yo era otro Jorge Larena que, con apenas trece años, descubría deslumbrado el mundo de los adultos... pero no importa que ella y yo hayamos cambiado tanto, cada vez que llego siento que sigue siendo mía y sigo siendo suyo...
            La Champañería María Pandora es un lugar esencial. En las Vistillas, junto al Viaducto, sus cristaleras se hacen balcón y su interior te invita a quedarte, a acomodarte, a sentirte bien, tranquilo, como si el ritmo frenético de la urbe quedará excluido por el sortilegio de esa puerta que cuesta cerrar y por la que esa noche penetraba un frío inclemente. Uno puede soñar sus sueños de muchas maneras, uno puede desear el éxito de muchas maneras, uno puede querer que las cosas sucedan de muchas maneras... al final sólo hay una realidad, y la realidad de esa noche en la Champañería fue la mejor que pude haber soñado, querido y deseado.
            Toda la mágica realidad de esas horas es responsabilidad de Xavier de Tusalle, editor y soñador, con el que en más de una ocasión mantengo notables diferencias, pero al que desde estas líneas deseo reconocer su mérito, en ese evento y en el propio hecho de que Sombras de otoño llegara a convertirse en libro. Él diseñó un modelo de presentación que yo no había experimentado antes. Sus amigos hicieron una introducción musical que llenó la atmósfera de Maria Pandora de los iones del bienestar emocional. Después todo resultó sencillo, Xavier, yo, mis primos, Pilar, la gente de CiÑe, Esperanza haciéndose cargo de las cosas, y algunos otros rostros que me eran desconocidos; en un discurso tranquilo, en un diálogo que a ratos derivó hacia cuestiones que trascendían al propio hecho del libro pero que, en cualquier caso, resultó extraordinariamente enriquecedor para este autor y, espero, para quienes estuvieron presentes allí.
            En suma, el sueño se concretó mejor de lo soñado porque, por encima del impacto material que este tipo de eventos pueden tener, por encima de las cuestiones logísticas, me llevé de allí muchas miradas, muchas sonrisas, muchos abrazos verdaderos, mucho amor y muchas sensaciones, todo eso tan intangible, tan ninguneado en estos tiempos, tan imprescindible para seguir adelante en el camino de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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